Las 7 claves para definir y alcanzar objetivos ESG desde Finanzas
Objetivos ESG: el nuevo eje estratégico para los reportes ESG
¿Qué significa ESG? Aquí tienes un glosario esencial
Por qué los objetivos ESG importan más que nunca
Lo que no debes hacer: errores frecuentes al definir objetivos ESG desde Finanzas
Por qué Dcycle te ayuda a alcanzar tus objetivos ESG
Preguntas Frecuentes (FAQs)
Estas son las 7 claves para definir y alcanzar objetivos ESG desde finanzas en 2025:
1. Vincula cada objetivo ESG con un indicador concreto
2. Conecta los objetivos ESG con KPIs financieros
3. Define metas a corto, medio y largo plazo
4. Alinea tus objetivos con estándares internacionales
5. Haz que el cumplimiento ESG forme parte del día a día financiero
6. Asigna responsables internos claros
7. Utiliza soluciones digitales para automatizar y medir
Cada vez más empresas están alineando sus objetivos ESG con su estrategia de negocio. No lo hacen por postureo, lo hacen porque quieren seguir siendo competitivas.
Medir el impacto medioambiental, social y de gobernanza no es solo una obligación para cumplir con las normativas. Es una herramienta para tomar decisiones más inteligentes, reducir costes, identificar oportunidades y posicionarse mejor frente a clientes, inversores y reguladores.
No tener control sobre estos datos te deja en desventaja. Y si otros ya están midiendo y tú no, vas tarde.
En este artículo vamos a ver cómo convertir los objetivos ESG en una palanca estratégica real para tu empresa. Nada de discursos vacíos. Vamos directo a lo que importa.
Si no lo puedes medir, no vale. Es así de simple. Un objetivo ESG sin datos es solo una intención bonita.
Necesitamos indicadores específicos que nos digan si vamos bien o estamos perdiendo el tiempo. Hablamos de cosas como emisiones por unidad producida, porcentaje de proveedores auditados o ratio de igualdad salarial. Nada de vaguedades.
Solo con indicadores claros podemos tomar decisiones basadas en datos, no en intuiciones.
No hay sostenibilidad sin rentabilidad. Si queremos que un objetivo ESG tenga peso dentro de la empresa, tiene que estar vinculado a números que importan.
¿Reduce costes? ¿Mejora márgenes? ¿Disminuye el riesgo operativo o reputacional? Entonces tiene sentido integrarlo en el presupuesto.
Es la única forma de que ESG no se quede en un informe para la galería y pase a ser parte de la estrategia real.
Ir a lo grande está bien, pero si no sabemos cómo llegar ni cuándo revisar, se vuelve humo.
Por eso, necesitamos objetivos escalonados. Corto plazo para empezar a mover el barco. Medio para ver resultados tangibles. Largo para construir un cambio de fondo.
Así podemos ajustar lo que haga falta y mostrar avances reales en cada etapa.
No hace falta reinventar nada. Ya existen marcos como CSRD, GRI o SBTi que nos dicen por dónde tirar.
Usarlos no solo nos da claridad interna, también nos da credibilidad externa. Frente a inversores, bancos, clientes o quien toque.
Además, facilitan reportar lo que hacemos de forma ordenada y sin duplicar esfuerzos.
Esto no va aparte. Va dentro del forecast, de la planificación, de la toma de decisiones.
Si seguimos tratando lo ESG como una “iniciativa paralela”, no va a despegar. Tiene que estar en el presupuesto anual, en los análisis de rentabilidad, en las decisiones de inversión.
Solo así logramos que sea una palanca de crecimiento y no un gasto más.
Esto no es un tema de sostenibilidad, es un tema de negocio. Y como tal, necesita responsables con poder de decisión.
Finanzas tiene que liderar. No porque se trate de números, sino porque ahí es donde se decide si algo se financia o no, si se sigue o se para.
Sin liderazgo interno y seguimiento, los objetivos ESG se diluyen.
No vamos a avanzar si seguimos con hojas de cálculo eternas y correos cruzados. Medir y gestionar datos ESG sin tecnología es una pérdida de tiempo.
Ahí es donde entramos nosotros. No somos auditores ni consultores. Somos una Solución para empresas que necesitan recopilar, organizar y distribuir toda su información ESG de forma ágil, segura y sin complicaciones.
Da igual si estás trabajando en EINF, CSRD, Taxonomía o cualquier otro marco. Con los datos bien organizados, puedes usarlos donde haga falta. Y eso, es lo que marca la diferencia.
Ya no es un tema aislado. Los objetivos ESG han pasado de estar en la esquina del PowerPoint de sostenibilidad a ocupar una parte clave de la estrategia financiera.
¿Por qué? Porque sin datos claros sobre impacto ambiental, social y de gobernanza, no hay forma de tomar decisiones bien informadas. Y si no lo haces tú, lo hará tu competencia.
Cumplir con normativas, acceder a financiación y mantener la competitividad ya no dependen solo de los números de siempre. ESG está dentro de la ecuación.
No sirve hablar de compromisos si no se convierten en números que podamos rastrear y comparar.
Esto implica traducir la estrategia ESG a datos concretos: consumo energético, ratio de rotación de personal, emisiones por unidad producida. Lo que toque según el caso.
Si no hay impacto económico, no hay interés real. Hay que vincular cada objetivo ESG a un KPI financiero que lo justifique.
Así dejamos de ver ESG como un coste y lo posicionamos como una inversión que mejora rentabilidad, reduce riesgos o abre nuevos mercados.
Esto va directo en el Excel, no al final como una nota a pie de página.
Los objetivos ESG tienen que estar integrados en la planificación anual, en las previsiones y en la asignación de dinero. Si no está presupuestado, no va a pasar. Así de simple.
Antes de entrar en cómo definir y alcanzar objetivos ESG desde Finanzas, conviene tener claros algunos conceptos clave.
No hace falta saberse la teoría al dedillo, pero sí entender bien qué significa ESG en la práctica y cómo impacta en las decisiones financieras.
Este glosario está pensado para CFOs que están empezando a integrar sostenibilidad en su día a día. Aquí no hay paja, solo lo que necesitas para moverte con soltura en este nuevo tablero.
Es el marco que agrupa los tres grandes bloques de sostenibilidad: medioambiente, impacto social y gobernanza corporativa.
En Finanzas, esto se traduce en riesgos no financieros que afectan a la rentabilidad, la valoración de la empresa y el acceso a capital. Ignorar ESG hoy es operar con información incompleta.
No son promesas para un PowerPoint. Son metas concretas y medibles que definen cómo tu empresa quiere mejorar su desempeño ambiental, social o de gobernanza.
Si están bien definidos, se convierten en palancas estratégicas que te ayudan a reducir costes, anticipar riesgos y mejorar tu posición en el mercado.
No todo cuenta igual. La materialidad identifica qué temas ESG son realmente relevantes para tu negocio y tus grupos de interés (clientes, reguladores, inversores, etc.).
Si algo no es material, no es prioridad. Y si no priorizas, te vas a perder en iniciativas que no mueven la aguja.
Un buen KPI ESG traduce la sostenibilidad en números accionables: emisiones por unidad producida, porcentaje de diversidad en el equipo directivo, ratio de consumo de energías renovables…
Lo importante es que esté alineado con los objetivos del negocio y que se pueda seguir, comparar y reportar sin inventar nada.
Nueva directiva de la UE que exige a miles de empresas reportar información ESG de forma estructurada, trazable y auditada.
Si no estás preparando tu sistema de reporting para esto, te va a pillar el toro. Y no, no se resuelve con un informe bonito: hablamos de datos que tienen que cuadrar con tus números financieros.
Es el estándar de referencia para validar si tus metas de reducción de emisiones están alineadas con la ciencia climática.
Tener objetivos SBTi validados te posiciona mejor frente a inversores, facilita acceso a financiación sostenible y te blinda ante el greenwashing. Hoy es una carta de credibilidad.
Una clasificación oficial que define qué actividades económicas se consideran “sostenibles” en la UE. ¿Por qué importa? Porque los bancos e inversores la usan para decidir a quién financian y en qué condiciones.
Si tus actividades no están bien etiquetadas según esta taxonomía, se te cierran puertas.
Es el cálculo de todas las emisiones de gases de efecto invernadero que genera tu empresa, producto o proceso.
Es uno de los indicadores más exigidos y el punto de partida para cualquier estrategia de reducción seria. Medir bien tu huella te permite ahorrar energía, cumplir con normativas y demostrar compromiso real.
Obligatorio hasta ahora para ciertas empresas en España y Europa. Incluye datos sobre impacto ambiental, social y de gobernanza.
La CSRD lo reemplaza y amplía los requisitos de forma significativa. Si ya estabas haciendo EINF, toca subir el nivel. Si no, es momento de ponerse al día.
Esto ya no es un tema opcional. Los objetivos ESG se han convertido en un requisito si queremos mantenernos competitivos y preparados para lo que viene.
Empieza a estar claro para todos: si no medimos, no podemos avanzar.
Las normativas no paran de crecer, y lo que antes era “recomendado”, ahora es obligatorio. Si no tienes objetivos claros, no vas a poder reportar lo que te piden.
Además, los inversores ya están exigiendo datos ESG sólidos. Sin ellos, no hay financiación. Y si la hay, te saldrá más cara.
A nadie le importa un discurso bonito si no está respaldado por datos. Tener objetivos ESG claros y medibles cambia el relato.
Demuestra que tomamos decisiones con base, que somos transparentes y que tenemos control de lo que hacemos como empresa.
Cuando los objetivos ESG están bien definidos, podemos cruzarlos con datos financieros y operativos. Y ahí es donde de verdad aportan valor.
Nos ayudan a decidir con más claridad, priorizar mejor y anticiparnos a riesgos o cambios. Y eso, en cualquier contexto, es una ventaja.
No todos los objetivos ESG son iguales. Para tener una visión clara, necesitamos dividirlos según el tipo de impacto que buscamos medir y gestionar.
Aquí te dejamos los tres grandes bloques:
Aquí hablamos de datos concretos como emisiones de CO₂, consumo energético o generación de residuos.
Estos objetivos nos permiten entender el impacto físico de nuestras operaciones y encontrar formas de reducirlo sin comprometer la eficiencia del negocio.
Uno de los indicadores más relevantes en esta categoría es la huella de carbono, ya que permite identificar oportunidades para reducir emisiones y mejorar la eficiencia operativa. Gestionarla adecuadamente es clave para acceder a incentivos regulatorios y mejorar la percepción corporativa.
Van desde la diversidad y condiciones laborales hasta el impacto que generamos en las comunidades donde operamos.
No se trata de RSC decorativa. Se trata de tener métricas reales sobre cómo gestionamos a las personas y cómo eso influye en nuestra competitividad y cultura interna.
Aquí medimos cómo se toman decisiones en la empresa: ética, transparencia, estructura de liderazgo, prevención de conflictos de interés.
Una mala gobernanza te estalla tarde o temprano. Por eso es clave definir objetivos claros y tener datos que demuestren que todo está bajo control.
Cada sector tiene prioridades distintas, y por tanto, los KPIs ESG también varían. No se trata de copiar y pegar métricas, sino de identificar las que realmente reflejan tu impacto y te permiten tomar decisiones con sentido.
Aquí van algunos ejemplos comunes para ayudarte a aterrizar tus indicadores según tu actividad:
Estos son solo puntos de partida. La clave está en elegir indicadores ESG que puedas medir con precisión, que conecten con tus objetivos de negocio y que te permitan reportar sin complicaciones.
Porque si los KPIs no sirven para tomar decisiones, son solo números decorativos.
Antes de definir tus objetivos ESG, conviene repasar los errores más comunes que hacen que muchas estrategias se queden en el papel o, peor aún, acaben siendo un lastre.
Aquí van los fallos que más se repiten:
Si no tienes un KPI detrás, no estás gestionando, estás adivinando. Los objetivos ESG sin métricas claras se diluyen. No puedes mejorar lo que no mides ni justificar decisiones sin datos.
Un objetivo sin dinero asignado no es un objetivo, es una declaración. Si no lo incluyes en el presupuesto anual, en las previsiones y en las inversiones, nadie lo va a priorizar.
ESG no es solo cosa de Finanzas. Operaciones, Compras, RRHH, Tecnología… todos tienen datos que contar y acciones que ejecutar. Si lo decides solo, te vas a quedar sin ejecución ni compromiso real.
La ambición está bien, pero si las metas no se pueden alcanzar con los recursos y plazos disponibles, solo vas a generar frustración. Un objetivo ESG debe ser retador, sí, pero también realista.
Evitar estos errores desde el inicio te ahorra tiempo, recursos y dolores de cabeza. Porque los objetivos sostenibles no fallan por falta de intención, sino por falta de estructura.
Poner objetivos ESG por poner no sirve de nada. Si queremos que aporten valor real, tienen que ser relevantes, medibles y estar conectados con el negocio.
Esto es lo mínimo que necesitamos hacer:
No todo aplica a todos. Lo primero es saber qué temas importan según tu sector, tu actividad y tus riesgos.
Aquí es donde entra la materialidad: detectar qué temas son críticos para el negocio y para los grupos de interés. Si no hay impacto ni dentro ni fuera, no es prioritario.
No hace falta inventar nada. Ya existen marcos que te ayudan a definir objetivos sólidos y alineados con lo que el mercado pide.
GRI, SBTi o CSRD no solo estructuran la información, también facilitan el reporting y mejoran tu posición frente a inversores, clientes y reguladores.
Esto no va solo de sostenibilidad ni solo de Finanzas. Si queremos que funcione, necesitamos a Compras, RRHH, Operaciones, Legal… todos tienen datos y todos toman decisiones.
Definir objetivos ESG sin contar con ellos es como hacer un presupuesto sin hablar con nadie del equipo. Va a salir mal.
Si quieres validar rápidamente si tu objetivo ESG está bien planteado y tiene sentido dentro de tu estrategia financiera, responde a estas preguntas clave:
Si respondes “sí” a todas, tu objetivo ESG va por buen camino. Si no, toca ajustar. No se trata de hacerlo perfecto, sino de hacerlo bien y con foco en lo que aporta valor.
No basta con tener buenas intenciones. Para que los objetivos ESG funcionen, necesitamos datos fiables, seguimiento constante y capacidad de reportar sin perder tiempo.
Ahí es donde entramos nosotros.
Nada de perseguir excels ni correos sueltos. Conectamos con tus sistemas y fuentes de datos para que toda la información ESG llegue automáticamente al mismo sitio.
Así evitamos errores, ganamos tiempo y tenemos control total desde el minuto uno.
No sirve ver los datos una vez al año. Necesitamos saber cómo vamos en tiempo real, con paneles hechos a medida para cada área.
Esto permite a Finanzas y al resto del equipo tomar decisiones con agilidad, sin esperar a que alguien cierre un informe.
CSRD, EINF, SBTi, Taxonomía, ISOs… da igual el marco que te pidan. Nuestra solución genera informes ya estructurados según lo que toca, con los datos que necesitas.
No somos auditores ni consultores. Somos una Solución para empresas que quieren trabajar bien, sin líos ni dependencias externas. Tú tienes el control, nosotros te damos la herramienta.
Lo primero es saber qué temas impactan de verdad en el negocio. Hacemos un análisis de materialidad, conectamos con los datos que ya tenemos y empezamos a traducir la estrategia ESG a métricas reales.
Desde ahí, definimos metas que se puedan integrar en el presupuesto y en el seguimiento financiero.
Depende de tu sector y de lo que te exijan tus grupos de interés, pero los más utilizados son CSRD, GRI y SBTi.
Estos marcos no solo dan estructura, también ayudan a reportar y a posicionarte mejor frente a inversores y reguladores.
Si no puedes medirlos o si nadie los puede ejecutar, no son realistas. Tenemos que fijar metas que estén alineadas con los recursos, los plazos y la capacidad operativa de la empresa.
Y siempre, ir validando en el tiempo para ajustar lo que haga falta.
El CFO tiene que liderar el proceso desde lo financiero. Es quien asegura que los objetivos ESG se integren en la planificación, se les asigne presupuesto y se haga seguimiento como cualquier KPI.
Y sobre todo, que se demuestre su impacto real en el negocio.
Una solución como la nuestra. En Dcycle no somos auditores ni consultores: somos una Solución para empresas que necesitan tener el control total de sus datos ESG.
Recopilamos automáticamente la información, la organizamos y la ponemos en los formatos que necesites, ya sea para CSRD, ISOs, SBTi o lo que venga. Sin líos, sin duplicar trabajo.
Básicamente, estás perdiendo el tiempo. Sin un KPI que mida el avance, no puedes saber si estás mejorando o no.
Y lo que no se mide, no se gestiona. Además, sin datos no vas a poder reportar nada ni justificar tus decisiones frente a inversores, socios o el consejo directivo.
Pregúntate si ese objetivo reduce costes, mejora márgenes, abre mercados o disminuye riesgos. Si la respuesta es sí, tiene impacto financiero. Y si no lo sabes, toca analizar bien los datos.
Los objetivos ESG deben estar integrados en tu estrategia económica, no ser un esfuerzo aislado.
Sí. No necesitas un departamento entero para empezar, pero sí necesitas compromiso desde Finanzas y otras áreas clave. Puedes apoyarte en soluciones tecnológicas que te ayuden a recopilar y ordenar la información sin volverte loco.
Lo importante es arrancar con lo que tienes y escalar con lógica.
Un objetivo ESG es específico, medible y tiene fecha y responsable. Un compromiso de sostenibilidad puede ser una declaración más general o aspiracional.
Si quieres que te tomen en serio (y cumplir con la normativa), necesitas objetivos claros, no solo buenas intenciones.
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