El reto de las normativas europeas: CSDDD vs. CSRD
CSDDD y CSRD: Claves para entender su alcance y aplicación práctica
¿Son complementarias o excluyentes? Así se relacionan la CSDDD y la CSRD
4 diferencias clave entre la CSDDD y la CSRD que debes conocer
Por qué entender CSDDD vs. CSRD te da ventaja competitiva
Dcycle: la solución ESG que conecta todos los puntos
Frequently Asked Questions (FAQs)
CSDDD vs. CSRD: dos normativas clave, parecidas en el nombre pero muy distintas en el fondo.
Ambas están en el centro del mapa ESG en Europa, y cada vez más empresas tienen que lidiar con ellas.
Pero ¿realmente sabemos en qué se diferencian y cómo se conectan?
Spoiler: no se trata de elegir una u otra, ni de duplicar esfuerzos.
Se trata de entender qué pide cada una y cómo organizar la información para que trabaje a nuestro favor.
Si no lo tenemos claro, vamos a perder tiempo, dinero y oportunidades.
Pero con una estrategia clara, podemos convertir estas normativas en una palanca de valor.
¿CSRD o CSDDD? Entiende las diferencias con ayuda de un software gobernanza, riesgo y cumplimiento que soporte ambas directivas
En este artículo vamos a explicar qué es la CSDDD, qué es la CSRD y cómo gestionarlas de forma inteligente.
Vamos al grano.
Hablar de sostenibilidad hoy no es solo cuestión de imagen.
La Unión Europea está subiendo el listón con normativas que ya no se pueden ignorar.
Y ahí es donde entran la CSRD y la CSDDD, dos piezas clave del puzzle regulatorio.
El problema: muchas veces se mezclan, se confunden o se ven como trámites separados.
Pero si no las entendemos bien, vamos a perder tiempo y duplicar esfuerzos.
Vamos por partes.
La CSRD (Corporate Sustainability Reporting Directive) es la norma que cambia por completo cómo reportamos sostenibilidad en Europa.
Ya no basta con intenciones.
Esta directiva pide informes detallados, con datos verificables, que muestren el impacto real de la empresa.
Su objetivo es claro: que las empresas rindan cuentas en serio sobre lo que hacen en sostenibilidad, igual que ya lo hacen con las finanzas.
¿A quién le aplica?
Hay muchas más empresas de las que creemos.
No hablamos solo de grandes corporaciones.
La CSRD amplía el alcance e incluye a empresas medianas, e incluso a filiales europeas de grupos extranjeros.
Si cumplimos ciertos criterios de tamaño, facturación o número de empleados, vamos dentro, incluyendo a muchas Pymes.
La CSRD no deja espacio a interpretaciones vagas.
Pide datos ESG estructurados, con métricas claras y comparables.
Hablamos de información sobre impacto ambiental, social y de gobernanza.
Y sí, hay que reportar riesgos, oportunidades y planes de transición.
No se trata de contar lo bien que lo hacemos.
Se trata de mostrar cómo lo medimos, lo gestionamos y lo integramos en la estrategia.
La CSDDD (Corporate Sustainability Due Diligence Directive) va a la raíz del problema.
No se enfoca en reportar, sino en actuar.
Pide que las empresas identifiquen, prevengan y corrijan impactos negativos en derechos humanos y medioambiente.
No solo en sus operaciones, también en toda la cadena de suministro.
No es suficiente con mirar hacia dentro.
Hay que controlar también a nuestros proveedores y socios comerciales.
La CSDDD exige procesos de diligencia debida continuos.
Eso significa identificar riesgos, aplicar medidas correctivas y demostrar que lo estamos haciendo.
Y sí, esto aplica incluso fuera de Europa si hacemos negocios con actores que están dentro.
La CSDDD no es una guía de buenas intenciones.
Tiene dientes.
Las empresas que no cumplan pueden enfrentarse a sanciones económicas, restricciones contractuales y daños reputacionales.
Pero más allá del miedo al castigo, la clave está en hacer las cosas bien desde el principio.
Porque si no tenemos control sobre nuestra cadena de valor, el problema no es la norma: somos nosotros.
CSRD y CSDDD no son lo mismo, pero se conectan.
La primera nos obliga a contar lo que hacemos.
La segunda, a hacerlo bien.
Ahora que lo tenemos claro, veamos cómo podemos gestionar ambas sin morir en el intento.
Si quieres ver resultados reales, agenda una demostración.
Para manejar bien la CSDDD y la CSRD, primero hay que entender qué ámbitos cubre cada una.
La CSRD se centra en la transparencia y en reportar información ESG fiable y estructurada.
Es decir, pide que las empresas documenten con datos claros su impacto ambiental, social y de gobernanza, y que estos informes sean comparables y verificables. Esto incluye riesgos, oportunidades y planes para gestionar esos impactos.
Por otro lado, la CSDDD obliga a actuar en la cadena de suministro, no solo a reportar. Exige que identifiquemos y corregamos impactos negativos reales en derechos humanos y medioambiente, tanto en nuestras operaciones como en toda la cadena de valor.
Aquí no basta con contar, hay que demostrar procesos continuos de diligencia debida y evidencia de mejora.
Esto marca una diferencia fundamental en el día a día: la CSRD exige preparar datos, la CSDDD exige poner en marcha controles y correcciones concretas.
Entender este salto es clave para evitar verlas como tareas aisladas o duplicadas.
El mayor error que vemos es tratar la CSRD y la CSDDD como proyectos separados. Eso lleva a duplicar trabajo, dispersar esfuerzos y aumentar costes.
Lo inteligente es abordar las dos normas con una estrategia unificada.
Primero, consolidamos toda la información ESG en una sola base de datos, que incluya datos de operaciones internas y de la cadena de suministro. Esto nos permite tener una visión completa y realista.
Luego, usamos esos datos para cumplir con el reporte que pide la CSRD y, al mismo tiempo, detectar riesgos y puntos críticos para cumplir con la diligencia debida que exige la CSDDD.
De esta forma, la información que recogemos sirve para ambos propósitos. Se optimizan recursos, se acelera el proceso y evitamos que se transforme en un lío sin fin.
Además, centralizar los datos facilita la generación automática de informes, reduce errores y mejora la trazabilidad.
Así podemos responder rápido a auditorías, controles o solicitudes de inversores.
Esperar a que estas normativas se vuelvan obligatorias es jugar con desventaja.
Anticiparse a la CSRD y la CSDDD no es solo cumplir, es ganar ventaja competitiva.
¿Por qué? Porque adelantarse nos permite:
Las empresas que logran integrar estas normas y gestionarlas bien no solo cumplen con las normas europeas, sino que lideran el mercado.
La clave está en verlo como un proyecto estratégico, no como un trámite más. Y para eso, disponer de una solución que conecte y gestione todos los datos ESG es imprescindible.
No estamos ante dos caminos separados.
La CSRD y la CSDDD están diseñadas para funcionar juntas.
Una te dice qué tienes que contar.
La otra, qué tienes que hacer.
Y si jugamos bien las cartas, podemos aprovechar esta conexión para simplificar procesos y ganar eficiencia, alineándonos con principios de gobernanza sostenibles.
En el mundo ESG, no basta con reportar, hay que actuar. Aquí es donde entran la CSRD y la CSDDD, dos normativas europeas que, aunque similares en nombre, tienen roles distintos y complementarios.
La CSRD se enfoca en que las empresas informen con claridad y precisión sobre su impacto ESG. Es la norma que pone foco en la transparencia y la rendición de cuentas.
Por otro lado, la CSDDD exige que las empresas implementen procesos de diligencia debida para prevenir y mitigar impactos negativos reales en derechos humanos y medioambiente, especialmente en la cadena de suministro.
La clave está en entender que no se trata de elegir una sobre otra ni de hacer el doble de trabajo. Gestionarlas juntas, de forma coordinada, puede simplificar procesos y maximizar el valor de tu estrategia ESG.
Implementar solo la CSRD es garantizar un buen reporte, pero añadir la CSDDD cambia el juego, porque te obliga a actuar sobre riesgos y oportunidades reales, no solo a comunicar.
Esto supone:
Gestionar ambas normativas de forma integrada ayuda a evitar esfuerzos redundantes y aporta datos de alta calidad que mejoran la toma de decisiones.
Una plataforma que centralice toda la información ESG, que sea compatible con CSRD y CSDDD y que facilite reportes y diligencia, es hoy más necesaria que nunca.
No esperes a que estas normativas sean obligatorias para todas las empresas: anticiparte te da ventaja competitiva clara.
Entre los beneficios están:
Las empresas que gestionan bien CSDDD y CSRD juntas no solo cumplen, sino que lideran el mercado.
La CSRD se centra en el reporte de sostenibilidad.
Aplica a empresas que superan ciertos umbrales de tamaño o facturación.
La CSDDD va más allá.
Aplica incluso si parte del impacto ocurre fuera de nuestras operaciones directas.
Incluye a nuestros proveedores y socios comerciales.
La CSRD obliga a reportar.
Pide transparencia, métricas y comparabilidad en los datos ESG.
La CSDDD impone acción. Nos pide que identifiquemos, evitemos y corrijamos impactos reales, no que los contemos después, bajo un marco de compliance que garantice la responsabilidad.
La CSRD requiere información estructurada: indicadores, planes, riesgos, oportunidades…
Con la CSDDD, toca ir a la raíz: conocer bien la cadena de suministro y tener claro qué impactos estamos generando directa o indirectamente.
Y sí, los datos que usamos para cumplir una, nos pueden servir para cumplir la otra… si los gestionamos bien desde el principio.
Ambas cambian cómo operamos.
Pero mientras la CSRD empuja a integrar sostenibilidad en la estrategia, la CSDDD obliga a rediseñar procesos concretos.
Desde compras hasta gestión de proveedores, no hay área que se quede fuera.
Te guiamos paso a paso: agenda una demostración.
Porque cuando apliquen, no habrá margen para improvisar.
Esperar a que sea obligatorio es ir tarde.
Los clientes, inversores y el mercado ya están exigiendo respuestas ahora.
Además, empezar antes nos permite probar, ajustar y montar un sistema que de verdad funcione, sin prisas ni parches.
Medir, gestionar y actuar sobre datos ESG ya no es un extra.
Es lo que va a marcar quién se queda y quién se queda fuera.
Las empresas que entienden cómo se relacionan estas normativas pueden unificar esfuerzos, anticiparse y tomar mejores decisiones.
Y eso, más allá de cumplir con las normas, es una ventaja real frente a la competencia.
¿Estamos listos para usar esta información a nuestro favor?
Porque si no lo hacemos nosotros, lo hará alguien más.
La CSDDD extiende la responsabilidad de la empresa hacia toda su cadena de suministro, no solo a sus operaciones internas. Esto significa que debemos conocer a fondo qué está pasando con nuestros proveedores y socios comerciales en términos de impacto social y ambiental. No basta con solicitar datos o documentos; es imprescindible validar, auditar y aplicar medidas correctivas cuando se detectan impactos negativos.
Esto obliga a diseñar procesos claros para controlar riesgos en todos los niveles de la cadena, lo que muchas veces requiere un cambio profundo en la gestión de proveedores y en la relación con ellos. La transparencia y la trazabilidad pasan a ser prioridades estratégicas.
La CSRD exige reportar información ESG clara, estructurada y comparable, enfocada en la transparencia y la rendición de cuentas. Sin embargo, esta información debe tener un respaldo tangible, que la CSDDD nos obliga a demostrar a través de acciones reales.
Por eso, una gestión eficiente de la cadena de suministro es fundamental para cumplir con ambas normativas. Los datos que recopilamos para el reporte bajo CSRD deben estar alineados con las evidencias de diligencia debida exigidas por la CSDDD, evitando duplicar esfuerzos y aumentando la confiabilidad de los informes.
Conseguir una trazabilidad completa en toda la cadena de suministro es uno de los retos más complejos para las empresas hoy en día. Esto se debe a que trabajamos con múltiples proveedores y subproveedores, en distintos países y con normativas muy diversas.
La digitalización y la colaboración estrecha con proveedores se vuelven herramientas imprescindibles para cumplir con la diligencia debida que exige la CSDDD. Además, estos procesos alimentan la calidad y consistencia de la información necesaria para cumplir con la CSRD y evitar sanciones o daños reputacionales.
Contar con una estrategia ESG integrada es la mejor forma de abordar estas normativas como un proyecto único y coherente.
Esto permite que los mismos datos y procesos sirvan tanto para reportar bajo CSRD como para gestionar los riesgos y controles que pide la CSDDD.
Este enfoque evita la duplicación de esfuerzos, reduce costes operativos y mejora la eficiencia interna, ya que se centralizan las actividades y se eliminan procesos paralelos que generan confusión y retrabajo, especialmente en la automatización de procesos.
Más allá del cumplimiento normativo, una gestión integrada impulsa una cultura corporativa comprometida, donde la sostenibilidad es responsabilidad de todos.
Esto fortalece el liderazgo interno y fomenta una mentalidad de mejora continua, haciendo que la empresa no solo cumpla, sino que sea un referente en su sector.
Involucrar a equipos multidisciplinares y mantener una comunicación clara sobre los objetivos ESG ayuda a consolidar esta cultura, que se traduce en mejores resultados y mayor capacidad de adaptación a cambios regulatorios o de mercado.
Una estrategia ESG sólida y coordinada no solo responde a las normativas actuales, sino que prepara a la empresa para afrontar con éxito futuras regulaciones y estándares que inevitablemente aparecerán.
Esto permite anticiparse a los cambios, realizar ajustes con calma y evitar inversiones urgentes o cambios bruscos que pueden desestabilizar la operación o incrementar los costes sin control.
La base de una gestión ESG eficiente es contar con una plataforma que permita recolectar, centralizar y unificar toda la información ESG relevante, desde datos operativos hasta indicadores de proveedores.
Evitar manejar múltiples sistemas o hojas de cálculo separadas es clave para mejorar la calidad y trazabilidad de los datos, además de facilitar el acceso a la información en tiempo real para toma de decisiones ágil.
Una buena solución tecnológica debe automatizar cálculos, validar datos y generar informes que cumplan con los requisitos formales de CSRD y CSDDD.
Esto reduce errores humanos, ahorra tiempo y permite que el equipo se enfoque en la estrategia y análisis, no en tareas manuales repetitivas.
Los reportes deben estar adaptados a distintos formatos y exigencias normativas, con capacidad para actualizarse ante cambios regulatorios sin necesidad de rehacer todo el trabajo.
Dado que la gestión ESG abarca múltiples normativas y estándares, la solución debe ser compatible con diferentes marcos como CSRD, CSDDD, Taxonomía, SBTi, ISOs y otros.
Esta flexibilidad permite que la empresa se adapte con facilidad a nuevas exigencias, unifique procesos y evite duplicar esfuerzos al generar informes o cumplir auditorías en diferentes ámbitos.
Da vida a tu estrategia digital, agenda una demostración.
Gestionar estas dos normativas no es solo cuestión de cumplir con trámites. El verdadero desafío está en integrar los nuevos requerimientos en la operativa diaria.
Muchas empresas enfrentan dificultades para recopilar datos fiables y trazables, especialmente cuando la información viene de múltiples proveedores y países.
La calidad y veracidad de los datos es crucial para no caer en errores que puedan afectar el reporte o la diligencia debida.
Otro punto crítico es el cambio cultural que requieren. La CSDDD, en particular, exige que toda la organización, desde compras hasta dirección, tenga claro que la sostenibilidad es parte de su responsabilidad.
Esto implica entrenar equipos, diseñar procesos nuevos y mantener una supervisión constante.
Sin una estrategia clara y un sistema que centralice la información, estos retos pueden traducirse en retrasos, sobrecostes y riesgos legales o reputacionales.
Frente a estos retos, la tecnología ESG se convierte en una aliada imprescindible. Contar con una plataforma que centralice, normalice y actualice toda la información ESG reduce la complejidad y elimina los líos de manejar múltiples fuentes y formatos.
Además, estas soluciones automatizan cálculos, verifican datos y generan informes compatibles con CSRD, CSDDD y otros estándares.
Esto facilita cumplir con las normativas sin tener que contratar equipos gigantescos o invertir en procesos manuales interminables.
Con la tecnología adecuada, podemos además monitorizar continuamente el desempeño ESG y anticipar riesgos antes de que se conviertan en problemas graves.
En resumen, la digitalización no es un lujo, es hoy un requisito para que la gestión ESG sea efectiva y rentable.
Cumplir con CSDDD y CSRD no debería verse como un mal necesario. Con la estrategia y herramientas adecuadas, es posible transformar estas obligaciones en una palanca para crecer y diferenciarse.
La clave está en usar los datos ESG para tomar mejores decisiones: optimizar la cadena de suministro, mejorar relaciones con proveedores, reducir costes y anticipar cambios regulatorios.
También sirve para comunicar transparencia y confianza a inversores y clientes, un factor que cada vez pesa más.
Además, integrar la gestión de estas normativas permite responder con agilidad a nuevas exigencias y adaptarse rápido a mercados cada vez más competitivos.
Por eso, gestionar CSDDD y CSRD de forma conjunta y estratégica es hoy un motor para la innovación y la sostenibilidad empresarial real.
Hay muchas empresas intentando entender por separado la CSRD, la CSDDD, la taxonomía, los SBTi o las ISOs.
Pero el reto real es cómo conectar todos esos frentes sin duplicar esfuerzos.
Ahí es donde entra Dcycle.
No somos auditores ni consultores. Somos una solución para empresas que quieren poner en marcha su estrategia ESG de forma clara, ágil y sin perder el tiempo.
Dcycle te permite tener toda tu información ESG en un solo lugar, sin hojas de Excel ni procesos eternos.
Recolectamos datos de distintas fuentes (proveedores, operaciones, informes financieros...) y los estructuramos para que sirvan en múltiples casos de uso.
Así puedes dejar de pelearte con formatos y empezar a tomar decisiones con base en datos reales.
¿Reportas para la CSRD? ¿Tienes que cumplir con la CSDDD? ¿Te piden informes alineados con SBTi o ISOs?
No importa cuál sea el marco, ni cuántos informes tengas que generar.
Nuestra plataforma organiza los datos una sola vez y los distribuye donde hagan falta.
Sin que tengas que repetir el trabajo ni contratar a más gente para hacerlo.
Desde que empieza el proceso hasta que haces clic en “enviar informe”, te acompañamos con una solución integral.
Automatizamos los cálculos, generamos los informes, validamos datos y te avisamos si falta algo.
Así puedes centrarte en la estrategia, no en los detalles técnicos.
En solo unos minutos puedes conocer el impacto real: agenda una demostración.
No, pero el alcance se está ampliando.
Si operas en Europa o formas parte de una cadena global, lo más probable es que te toque pronto.
Necesitas datos ESG fiables y trazables.
Eso incluye desde consumo energético hasta políticas laborales, pasando por tu cadena de suministro.
Depende de varios factores:
tamaño, facturación, número de empleados y sector.
También si eres parte de un grupo que sí está obligado.
Sí.
Con Dcycle, una sola base de datos sirve para alimentar todos los informes ESG que necesites.
Además de las sanciones, vas a perder competitividad en el mercado.
Porque quien no mide ni reporta, deja de ser un socio fiable o una opción atractiva para clientes e inversores que buscan cumplir un marco de financiación sostenible.
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Some strategies require initial investment, but long-term benefits outweigh costs.
Investing in carbon reduction is not just an environmental action, it’s a smart business strategy.