El 17 de junio, ISO abrió a consulta pública el ISO/DIS 14060: el primer estándar internacional, verificable por un tercero, que define cuándo el plan de transición de una empresa es de verdad “net zero aligned”. Y llegó una semana después de que SBTi publicara la versión 2.0 de su Corporate Net-Zero Standard. No es casualidad: en siete días, el ecosistema entero ha movido ficha.
Durante años, “net zero” ha sido una palabra que cada empresa rellenaba a su manera. Eso se está acabando. Vamos a ver qué es ISO 14060, qué cambia para ti y por qué este verano marca un antes y un después.
Qué es ISO 14060 (y qué no es)
Primero, despejemos una confusión habitual. ISO 14060 no mide emisiones. Para eso ya tienes ISO 14064 e ISO 14067. Lo que hace 14060 es distinto: define cuándo un plan de transición está legítimamente alineado con net zero, y permite que un tercero lo verifique.
Es decir: no responde a “¿cuánto emito?”, sino a “¿mi plan para llegar a cero es creíble o es marketing?”. Es la primera vez que existe una respuesta internacional, consensuada y auditable a esa pregunta. El borrador se desarrolló durante casi dos años con cientos de expertos de más de 170 países, uno de los grupos de trabajo más grandes en la historia de ISO.
La consulta pública está abierta 12 semanas, hasta principios de septiembre. La publicación final se espera para finales de 2026 o principios de 2027.
El calendario del net zero, 2026–2028
Dos marcos, una misma dirección.
Los créditos de carbono ya no cuentan como progreso
Este es el cambio que más va a doler, y conviene decirlo claro. Bajo ISO 14060, no puedes usar créditos de carbono para reclamar avance hacia tus objetivos de reducción. Ni intermedios, ni finales.
SBTi dice exactamente lo mismo en su versión 2.0: los créditos no cuentan para los objetivos de alcance 1, 2 o 3. Dos marcos de referencia, la misma semana, cerrando la misma puerta.
¿Qué significa esto en la práctica? Que muchas estrategias net zero construidas alrededor de “reduzco lo que puedo y compenso el resto” dejan de ser válidas. La reducción real va primero. La compensación queda relegada a un papel muy concreto: contribuir al net zero global más allá de tu cadena de valor, y, solo al final del camino, neutralizar las emisiones residuales con eliminaciones permanentes.
Qué es “net zero” según el estándar
ISO 14060 define net zero como el momento en que has reducido tus emisiones hasta dejar solo un residual, y ese residual lo neutralizas con eliminaciones de CO₂ duraderas.
Y aquí está el detalle que separa el plan serio del aspiracional: no puedes declarar algo “residual” simplemente porque sea caro o incómodo de reducir. El estándar te pide un análisis de viabilidad documentado y público para justificar cualquier residual que supere tu trayectoria sectorial. Las eliminaciones que neutralizan ese residual tienen que cumplir seis criterios de calidad: almacenamiento duradero (mínimo 100 años), adicionalidad, cuantificación independiente, sin fugas de carbono, sin doble contabilidad y con una contabilidad creíble.
Nada de barra libre. Todo trazable.
Cuatro etapas, no una declaración
En lugar de una única declaración de “somos net zero”, el estándar establece cuatro etapas progresivas. Cada una con sus requisitos, sus plazos y hasta el lenguaje concreto que puedes usar para comunicarla por fuera.
La lógica es sencilla: una empresa que acaba de empezar no está en el mismo punto que una con objetivos validados y un plan en marcha, y no deberían comunicar lo mismo. La etapa inicial, por ejemplo, vale dos años: si en ese plazo no publicas inventario, objetivos intermedios y plan de transición, tienes que retirar la declaración. Y si te desvías mucho de tu trayectoria y no lo cuentas a tiempo, también.
Traducción: comunicar progreso net zero deja de ser un ejercicio de relato y pasa a ser un compromiso con fecha de caducidad.
Por qué esto conecta directo con tu CSRD
Si reportas bajo CSRD, presta atención. El ESRS E1 te pide un plan de transición climática. Hasta ahora, “plan de transición creíble” era un concepto algo difuso, abierto a interpretación.
ISO 14060 le pone esqueleto. Es muy probable que se convierta en la referencia que cite el auditor cuando revise si tu plan de transición se sostiene. Tener tu plan alineado con un estándar internacional verificable deja de ser un plus y empieza a parecer la base.
Lo mismo si tienes objetivos SBTi: la convergencia entre ambos marcos significa que las reglas de juego ahora son más estrictas, más explícitas y más auditables que hace un mes.
Lo que de verdad hace falta para llegar aquí
Quita el ruido y queda una cosa: todo esto se sostiene sobre el dato. Un plan de transición verificable, sin créditos como atajo, con residuales que tienes que justificar uno a uno y eliminaciones que cumplen seis criterios de calidad, no se monta con una hoja de cálculo y buena voluntad.
Necesitas medir alcance 1, 2 y 3 con trazabilidad de origen a informe. Necesitas poder demostrar, año tras año, que el progreso es real y no contable. Necesitas que el dato que usas para SBTi sea el mismo que usas para tu CSRD, para tu auditor y para el cliente que te pregunta.
En Dcycle ayudamos a las empresas a construir exactamente esa base: medir con la trazabilidad que aguanta delante de un auditor, un inversor o un cliente, y reutilizar el mismo dato en todos los marcos sin recalcular nada.
Si tienes objetivos net zero, o estás a punto de fijarlos, y quieres ver cómo conectar la medición con un plan que aguante la verificación, pide una demo. El estándar ya no pregunta qué prometes. Pregunta de dónde sale el número.